Joseph Stefano: Manejando la Psicosis

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En esta sección semanal conocida como Dichos del Escritor recopilamos entrevistas, conversaciones, diálogos de aquellas personas que fraguan las películas en su más tierno origen.

Joseph Stefano (1922-2006) se merece todo nuestro respeto por haber trabajado con  Alfred Hitchcock en una de las películas más recordadas del director británico, Psycho. Que después de eso no haya brillado mucho, y que haya sido parte de la cuarta parte de las desventuras de Norman Bates, no le restan a Stephano motivos para estar en esta noble sección.

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«En nuestro primer encuentro, Hitchcock me dijo que estaba sorprendido por una compañía llamada American International, que estaba haciendo películas por menos de 200 mil dólares cada una, y lo que más le impresionaba era hacían en taquilla. Sus palabras exactas fueron «¿Qué pasaría si alguien bueno hiciera una?» Con esto, él no estaba criticando American International u otra productora de películas de bajo presupuesto; simplemente se estaba desafiando a si mismo. Dado que el ya estaba en la Universal para realizar su serie Alfred Hitchcock Present, era el momento para intentar un proyecto de este estilo. Así que desde el principio, cualquier posibilidad era analizada bajo la idea de hacer “una película de bajo presupuesto”, no con el afán de probar algo, sino simplemente de hacer mucho dinero. Las películas de Hitchcock siempre habían contando con impresionantes sumas de dinero, pero él estaba sintiendo que empezaba a costar demasiado hacerlas. North by Northwest, que se hizo antes de Psycho, protagonizada por Cary Grant y con un gran presupuesto, hizo que Hitchcock sintiera que no estaba siendo bien recompensado financieramente. Así que decidió que una película de bajo presupuesto cambiaría todo.

Hitch estuvo de acuerdo con los cambios en relación a la novela de Psycho. Le expliqué que en nuestro primer encuentro como la adaptaría, le dije que tenía que ser sobre una mujer que estuviera enamorada de un hombre con serios problemas financieros. Lo ama, pero no quiere que las cosas continúen como están, yendo a moteles baratos a la hora de almuerzo las veces que el puede ir a la ciudad. Le describo a Hitch que esta mujer seguiría así hasta que un amable y adinerado hombre entra inesperadamente en su oficina en el banco y le pasa $60 mil dólares en efectivo para depositarlos. Y la tentación fue demasiada para Marion, como menciona después en la escena del salón con Norman. Como ella le menciona, todos cavamos nuestra propias tumbas, y cuando decide no depositar el dinero, sella su destino. Es un momento sincero de locura impulsiva, pero bastante distinta a la locura de Norman Bates. La locura de Norman es una locura “conveniente” que funciona para mantenerlo lejos de los problemas, y que también sirve para que no enfrente a sus fantasmas. La locura de Marion se parece más a esos momentos en que alguien salta en el ascensor en el que vas y te vuelves loco por un rato. Marion piensa irracionalmente, en ese momento, que ha resuelto todos sus problemas al tomar el dinero, solo falta hacer su maleta e irse donde su amante y decir “mira, todo está bien ahora”, lo que, por supuesto, es una locura.

La noción de comenzar con Marion, a diferencia del libro que comienza con Norman, fue mi idea. Antes de escribirla le describí a Hitchcock como la película comenzaría con un punto de vista subjetivo de la ciudad, para luego bajar hasta la habitación de un hotel donde veríamos a dos personas revolcándose durante la hora de almuerzo. A Hitchcock le gustó mucho la idea y también le gustó que la película comenzara con Marion. Eventualmente, claro, Marion iba a ser asesinada y alejada de la audiencia, entonces la película buscaría que los espectadores simpatizaran con Norman, quien termina siendo la persona que la asesinó. Así que la película, de la forma en que la concebí inicialmente, tenía una suerte de truco estructural que el libro no tenía y a Hitch le gustó bastante.

Después de eso hablamos poco sobre Psycho, pero él siempre me dio la impresión que de algún modo sabía que iba a escribir un buen guión y que él podría filmarlo eficientemente. Esto, por supuesto, es el regalo más raro que un productor o director puede darle a un escritor: confianza total. Así que en nuestras reuniones apenas hablamos algo sobre la película.»

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Escribió este post

Personaje translumínico, hiperbóreo y superfluo. Pasa su tiempo entre el aprendizaje, la enseñanza y la lectura, literaria y Audiovisual. Experto haciendo panqueques.