Cómo Brando llegó a protagonizar “Un tranvía llamado deseo”

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En esta entrega de la saga, Así habló David Gilmour, el crítico de cine canadiense intenta que su apenado hijo, pueda apreciar lo que considera importante y para lo que debe “ponerse el cinturón”. Luego del salto, la “emprendedora” forma en que Marlon Brando logró llegar a obtener el protagónico en la película basada en la obra maestra de Tennessee Williams.

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[…] Le puse Un tranvía llamado deseo de 1951. Le conté que en 1948 un joven actor relativamente desconocido, Marlon Brando, hizo autostop [“dedo”] desde Nueva York hasta la casa de Tennessee Williams en Provincetown, Massachussetts, con el fin de presentarse a la prueba para la producción de Broadway y que encontró al célebre dramaturgo en un estado de terrible ansiedad.

No había luz y los servicios higiénicos estaban tapados. No había agua. Brando reparó la avería eléctrica colocando monedas detrás de los fusibles y luego se puso a cuatro patas y arregló las cañerías; una vez hecho eso, se secó las manos y entró en la sala de estar para leer las frases de Stanley Kowalski. Leyó durante unos treinta segundos, según se cuenta, antes de que Tennessee, que estaba medio borracho, le hiciera callar y dijera: “Está bien”, y lo mandara de vuelta a Nueva York con el papel.

¿Y su actuación? Hubo actores que dejaron la interpretación cuando vieron a Brando realizando Un tranvía llamado deseo en Broadway en 1949. [Del mismo modo que a Virginia Woolf le entraron ganas de abandonar la escritura cuando leyó a Proust por primera vez.] Pero el estudio no quería que Brando participara en la película. Era demasiado joven. Hablaba entre dientes. Pero anteriormente su profesora de interpretación, Stella Adler, había hecho la fatídica predicción de que aquel “extraño mocoso” se convertiría en el mejor actor de su generación, lo que resultó ser cierto.

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Años más tarde, los estudiantes que asistieron a talleres de interpretación con Brando recordaban sus costumbres poco ortodoxas, su capacidad para recitar un monólogo de Shakespeare boca abajo y hacerlo más auténtico y conmovedor que ningún otro actor.

Un tranvía llamado deseo -expliqué- fue la obra en la que dejaron que el genio saliera de la botella; literalmente, cambió todo el estilo de interpretación en Estados Unidos.

“Se notaba –dijo años más tarde Karl Malden, que interpretaba a Mitch en la producción original de Broadway-. El público quería a Brando; venían a ver a Brando; y cuando él no estaba en el escenario, se notaba que estaban esperando a que volviera”. Me di cuenta de que estaba alabando en exceso la película, de modo que me obligué a callarme.

Aprovecho para compartir un compilado de youtube con los grandes momentos de la película.

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Escribió este post

Comunicador Audiovisual. Docente algunas veces por semana. Donante de órganos y fundador de esta humilde comunidad. Las cosas personales las publico en www.bassofia.com

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