Alejandro González Iñarritu y la objetividad

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Si bien la mayor parte de la fama de Alejandro González Iñarritu se deba principalmente al batatazo que significó en su momento Amores Perros, su ambivalente filmografía ha sabido labrarse un lugar dentro del panorama cinematográfico internacional.

Siempre intentando narrar historias fracturadas, tanto así que pareciese que cuenta la misma historia una y otra vez, González Iñarritu hace de su trabajo una obra no lineal, fragmentada y libre de conclusiones y que pese a las carencias que existen en sus películas, demuestra que es posible manifestar sus inquietudes personales en pantalla.

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“Cuando llego al decorado por la mañana, lo primero que hago es poner a punto los desplazamientos de los actores. No sé por qué, pero en ese aspecto mis ideas son muy firmes. Desde la etapa de la escritura tengo una visión muy clara de cómo quiero que los actores se desplacen en una escena determinada y lo suelo describir a Guillermo Arriaga para que lo refleje lo más exactamente posible en el guión.

Es un proceso muy intuitivo, y cuando he decidido algo es difícil que alguien me haga cambiar de opinión. Al mismo tiempo, no quiero que los actores tengan la sensación de que pretendo controlarlos, así que siempre dejó una puerta abierta a la discusión. Para ser honesto, el 95% de las veces mi intuición es acertada. Pero si las cosas no salen como había imaginado, entonces trabajo con los actores hasta que se encuentren cómodos.

Creo que es muy importante empezar a trabajar con ellos, porque un actor puede molestarse fácilmente si piensa que les pides que se quede en un sitio sólo porque queda bien en la imagen o debido a la iluminación.

Una vez que los actores se encuentran a gusto en su lugar, abandonan el plató, y me dispongo a decidir, junto a Rodrigo Prieta, el director de fotografía, donde colocaremos la cámara. Hace quince años que Rodrigo y yo trabajamos juntos. Nos conocemos tan bien que casi no necesitamos palabras para comunicarnos. De todos modos, la mayor parte de las decisiones importantes respecto a la luz o la cámara se han tomado antes del rodaje.

En 21 gramos, por ejemplo, decidimos dar a cada personaje su propio color. Naomi Watts era blanca y amarilla, Benicio del Toro verde y amarillo, y Sean Pean azul, porque esos colores parecían corresponder, emocionalmente, a la historia que cada uno de esos personajes tenía que vivir. La idea era que los colores cambiaran de intensidad a medida que el filme avanza, para seguir la evolución de las intrigas. Otro tanto con los movimientos de cámara. Los utilizamos para materializar la amplitud emocional de la historia.

Decididos empezar con una cámara muy fija, y poco a poco, a medida que las escenas eran más angustiosas, los movimientos de cámara pasaron a ser más dramáticos. En términos de ubicación de la cámara, no creo en la objetividad. No me gustan las películas en las que el director crea una distancia entre la cámara y su tema. De hecho, creo que la tarea del cineasta consiste en imponer un punto de vista en la película. Tampoco diría que hay una gramática de la realización.

Creo que cada cineasta inventa su propia gramática para crear emoción. Cuando abordo una escena, la disecciono, elemento a elemento, línea a línea, y la pregunta a la que trato de responder es siempre la misma: “¿De qué habla esta escena?“. Una vez he respondido a esta pregunta -tarea siempre difícil- la cámara encuentra su lugar.

En otras palabras, exploro la escena y subordino la cámara al objetivo de esa escena. Toda esta reflexión tiene lugar previamente, por supuesto. La anoto en fichas. Dispongo de una ficha que resume todas las cosas importantes que debo recordar para cada escena: de qué trata, qué quieren los personajes, cómo han llegado hasta allí, etcétera. Puede parecer idiota consignar esas indicaciones, pero una vez en el plató hay tantos problemas por resolver que fácilmente puedes distraerte y olvidar lo más evidente y esencial. Personalmente, tengo un verdadero problema de concentración, y esas fichas me han salvado la vida muchas veces.”

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Escribió este post

Personaje translumínico, hiperbóreo y superfluo. Pasa su tiempo entre el aprendizaje, la enseñanza y la lectura, literaria y Audiovisual. Experto haciendo panqueques.

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