La impresión me duró un par de minutos, hasta que sentí algo raro en los ojos, como si algo me molestara, algo raro, de esas cosas que uno siente pero no puede explicar a la primera. Salí de la tienda, de vuelta a la calle y mientras caminaba por el paseo y entre los codazos de múltiples concepcionenses me di cuenta de lo que era. Nada se veía como en aquella pantalla, en la vida real las cosas no eran tan nítidas, ni los contrastes tan perfectos, las curvas de color no se veían perfectamente balanceadas ni los brillos destacaban más de lo normal.
Dejé eso en un rincón de mi cerebro hasta hoy, cuando en twitter, micronauta compartió un artículo que había leído en el blog de Enrique Dans, fue leerlo y recordar la experiencia aquella.
Dans relata una experiencia propia y se aventura en hacer una que otra conjetura, pero lo que motivó esta entrada fue la pregunta final:
¿habrá quien prefiera ir por la calle con una cámara conectada y mirando un monitor, en lugar de observar directamente la realidad?
Algo que sin duda tendremos que empezar a preguntarnos, ¿no creen…?
Lee el artículo escrito por Enrique Dans sobre Alta Definición.
Últimos Comentarios